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La esferokinesis desarrolla las cualidades de las pelotas para entrenar otros sistemas orgánicos que brindan soporte al cuerpo, rehabilitar y ampliar los rangos de movimiento. La postura de flexión sobre la pelota proporciona un soporte inicial flexible y blando para la extensión de músculos y ligamentos. Permite que las vértebras se acomoden sin la presión que la gravedad ejerce en posición vertical y facilita que esa misma fuerza empuje al cuerpo hacia la pelota brindándole estabilidad y la posibilidad de extender la columna hacia sus dos extremos: el cráneo y el coxis. Además de continuarla en las proyecciones hacia el espacio a través de las extremidades.
La forma esférica del soporte que brinda la pelota invita a la extensión de los tejidos de conexión, entre ellos los ligamentos, que se realiza de un modo intenso y profundo. Permite la apertura de espacios internos y de los necesarios para que los discos intervertebrales se reacomoden en su espacio. Estos tejidos fibrosos, con su consistencia mullida, brindan amortiguación y protección a las estructuras óseas, a la vez que posibilitan una mayor continuidad al movimiento. El soporte de la pelota permite el descanso atento de los músculos, solicitados por el cuerpo en todo momento, tanto para mantener la quietud como para permitir la expresión del movimiento. En la práctica es indispensable el respeto y el cuidado de las posibilidades que presenta cada persona. A partir de encontrar más comodidad y confianza, la esferokinesis propone el entrenamiento sensible de otras estructuras de sostén. El ejercicio terapéutico en rehabilitación El trabajo físico es una de las herramientas claves para ayudar a romper el círculo vicioso del dolor, la inmovilidad y la disminución de la función que aíslan paulatinamente a una persona a partir de las limitaciones físicas que van apareciendo: atrofia muscular, retracciones articulares, contracturas y acortamientos musculares y tendinosos, y las correspondientes alteraciones psicológicas asociadas como depresión, ansiedad etc. El dolor con frecuencia es acompañado por alteraciones psicológicas y por una reducción de la movilidad, con el consecuente impacto en la independencia para realizar las actividades de la vida diaria.
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